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sábado, 14 de abril de 2012

FOTO DEL MES GANADORA: AUSTRALIA

Ya tenemos una foto del mes ganadora muy esperada: Australia. Las votaciones han sido determinantes, parece que todos relacionamos Australia con sus animales más simpáticos, así que ya tenemos una ganadora y ya está publicada en el blog de Panasonic.

Podéis consultarla aquí
 o en el enlace de Panasonic en el lateral de nuestra web, donde podréis conocer los detalles técnicos de la foto así como la historia que hay detrás de ella y alguna anécdota divertida.

¡Ya hemos empezado a preparar la próxima foto del mes!

jueves, 15 de marzo de 2012

FOTO DEL MES: AUSTRALIA

¡Aquí tenéis las nuevas candidatas a fotos del mes, esta vez de Australia, un país enorme y único!  Único por tener animales que sólo pueden sobrevivir allí, por poder pasar de un bosque lluvioso a llanuras semi desérticas en cuestión de minutos y por poseer miles de kilómetros de costa vírgen e inexplorada. Estas son las 5 fotos finalistas para la foto del mes. Tenéis dos semanas para votar y decidir cuál será la foto ganadora que se publicará en el blog de Panasonic.

Recordad que a parte de los comentarios que nos queráis dejar, que nos encantan, tenéis que votar en el apartado de VOTACIONES en el lateral derecho del blog.
¡Éstas son!


FOTO #1


FOTO #2



FOTO #3



FOTO #4



FOTO #5


sábado, 10 de marzo de 2012

ADIÓS AUSTRALIA, HASTA PRONTO…



Despedirse de Australia será duro, duro porque hemos estado 2 meses y medio viajando en nuestra furgo y nunca antes en este viaje habíamos pasado tanto tiempo en un sitio; duro porque nos separamos de Mate, la furgo que nos ha protegido, paseado, albergado y alegrado el viaje durante 9.000 km; duro porque Australia nos ha robado el corazón, porque es fácil, es feliz, es bonita y es enorme! Nos vamos con la sensación de haber venido a inspeccionar el terreno para próximos viajes, nos queda el Northern Territory y Western Australia, nos queda Tasmania, ¡uffff cuantos kilómetros! Duro porque hemos podido compartir los primeros 15 días de viaje con la familia, pero durísimo porque aquí dejamos a un hermano que, aunque sabemos que Australia le hace feliz, lo tendremos lejísimos cuando volvamos a casa.



Pero no nos pongamos tristes, que Australia seguirá aquí y nosotras tenemos que mirar para adelante. Nos quedan aún muchas aventuras, muchas emociones y queda gente por visitar. La recta final en la costa este ha sido pasada por agua. Dejamos Mount Tamborine con la ilusión de coronar la cima del volcán Mount Warning, pero el diluvio incesante nos hizo abandonar el intento.

Nos quedaba, pese al mal tiempo, un tema pendiente. Los lectores querían que visitáramos Myall Lakes National Park…la lluvia nos dio una tregua, todo se puso a favor y para allá fuimos. ¡Y qué sorpresa! Myall Lakes es una zona de lagos a orillas del océano pacífico. Una mezcla de agua dulce y salada, de verde, de virgen, de dunas, un faro, calas protegidas del oleaje, bosques, canguros…¿no es la despedida perfecta?



Y aquí estamos, empaquetando de nuevo las mochilas, como si empezáramos un nuevo viaje, y quizás sí que sea un nuevo viaje. New Zealand será el punto más lejano de Barcelona, así que a partir de ahí, estaremos oficialmente volviendo a casa.

miércoles, 7 de marzo de 2012

EL CALUROSO SEMI-OUTBACK



Con 32.000 km de costa australiana, ¿quién querría adentrarse en las calurosas tierras del outback? La trama urbana de este país, cuando lo miras en un mapa, se va desdibujando a medida que te alejas de la costa hasta dejar un misterioso centro casi deshabitado que sólo los aborígenes conocen a la perfección. Pero hay dos maravillas escondidas en ese mundo aparte; Uluru es una formación rocosa inmensa, de 9,4 km de perímetro y 348 m de alto, que ha sobrevivido a la erosión y se erige solitaria en medio de la planicie del desierto en el sur de Northern Territory; la segunda es el lago Eyre de 9.500 km2 de superficie, que pasa de estar seco a tener su cota máxima dos veces cada 100 años en medio del desierto como consecuencia a las inundaciones de norte. Este acontecimiento lo convierte por poco tiempo en casi un mar ya que cuando está lleno es el lago más grande de Australia. Durante  mucho tiempo algunos exploradores afirmaban haber visto una superficie de agua que daba vida a muchas de las especies autóctonas, cuando otros iban en su búsqueda no encontraban más que desierto.


Nosotras no llegamos tan adentro, no con nuestra Mate del 87, pero el interior del país nos llamaba la atención, así que decidimos cruzar 3 estados (Victoria, New South Wales y Queensland) por su cara desconocida. El paisaje en Australia es muy cambiante, tanto que pasamos de bosques, montañas, curvas y frío a carreteras rectas, sofocantes y con la tierra agrietada. Ya que íbamos a cambiar el entorno, ¿Por qué no cambiar también nuestro modus vivendi? Dormir en la furgo está muy bien cuando hace fresquito y consigues una zona sombreada, pero cuando las condiciones no acompañan puede ser una pesadilla; la furgo se calienta hasta convertirse en un horno y tarda horas en enfriarse, las puertas y ventanas deben permanecer cerradas si no tienen mosquitera por las visitas de serpientes y arañas (y os aseguramos que son frecuentes), si además los parques naturales escasean entonces estamos perdidas.

Solución: Couchsurfing. Y no sólo por no morir ahogadas en nuestra lata de sardinas, sino porque estar en compañía de gente risueña, acogedora y hospitalaria siempre es agradable…y ahí empieza nuestro maratón de sofás:

Cumnock: Conocemos a Nicole y Alf en un camping y nos invitan a pasar unos días en su casa de la pradera en una pequeña localidad de 300 habitantes perdida entre granjas y preciosos paisajes. Compartimos la casa con ellos, Spider (el perro), Ollie (el búho), gallinas, loros de colores y una plantación de verduras gigantes…¡una experiencia campestre e inolvidable!


Dubbo: De vuelta a la ciudad nos acogen Alex, Michael y Phil en su casa con huerto ecológico. Dubbo está bien, tiene río, muchos parques, una buena galería de arte y mucha vida. Pasamos unos días entre batallitas de viajes  (Alex y Michael también han dado la vuelta al mundo) y recetas de cocina (Phil es el chef del restaurante del zoo de la ciudad).

Moree: Es una de las poblaciones con mayor número de habitantes aborígenes (sólo son un 2% sobre la población total en Australia y en Moree están al 50%) y Tom y Jenny son ambos profesores de la escuela primaria, así que nos dan una visión bastante más optimista de la integración de culturas. Visitamos un museo de arte aborigen y nos bañamos en las termas naturales con agua a 40ºC con un temperatura sofocante, pero no hemos hecho 600 km para no bañarnos, ¿verdad? Tom y Jenny conviven con Dog, una Python Australiana que nos hace perder un poco el miedo a una de las especies más numeroso del país.


Toowoomba: Un cambio de aires. Es una ciudad que está a unos 800 m sobre el nivel del mar y relativamente cerca de la costa, así que volvemos a desenfundar los jerséis por la noche. Tamara y Cindy viven en una preciosa casa de madera tradicional (victorian les llaman) con unas vistas increíbles sobre el valle y rodeadas de canguros. Tamara es una de las mejores cocineras que hemos conocido nunca (exceptuando a nuestras madres), no hay que decir más…

Gayndah: Lo más parecido a lo que entendemos por interior. Con un calor húmedo de esos que se pega y no te deja respirar pasamos unos días muy agradables con Andrew y Jess en su granja que restauran lentamente y que en un futuro albergará una plantación de ajo, algunas vacas y espacio suficiente para los “fruit pickers” temporales. Es un lugar remoto, pero de esos que te encantan con sus paisajes bañados por lagos y un inmenso río que da vida a la región.


Hervey Bay: Dejamos el interior para volver a la costa, pero esta vez la cálida, la norte. ¿Y cómo nos recibe? Lluvia, lluvia y lluvia. Por suerte Axel nos abre las puertas de su casa y pasamos unos días entre guitarras, músicos e intentos de salir de excursión a Fraser Island…imposible.  Al final decidimos conducir hasta Rainbow Beach y la jugada nos sale redonda: descubrimos una playa solitaria y preciosa y conseguimos cruzar con el ferry y pasar todo el día trotando con un autobús 4x4 por las infinitas playas y lagos de Fraser!


Mount Tamborine: este desconocido paraje se encuentra a menos de 1 hora de Brisbane, en lo alto de una montaña. No habíamos leído nada, nadie nos había hablado del lugar, pero Berni y Simon nos invitaron a descubrirlo. ¡Y qué lugar! Podríamos decir que ha pasado de desconocido a estar entre los top 10 de Australia, un escenario montañoso, húmedo y selvático con vistas al mar…un lugar de artistas, granjeros y amantes de la naturaleza; Berni pertenece al primero y al último y tanto ella cono Mount Tamborine son diamantes en bruto!

Coffs Harbour: otro diamante desconocido, una ciudad escondida entre playas vírgenes, tablas de surf e islas solitarias. Un sitio agradable que se ha convertido en especial gracias a Sue, la madre de Tom (couchsurfer en Moree), y Murphy, su simpático perro, que nos acogieron y cuidaron como a su propia familia. Y gracias también a Larissa y el divertido George, con los que hemos compartido nuestras aventuras y tardes idílicas paseando por la playa.


Nos espera el tramo final de viaje que lo queremos dedicar a los parques naturales que han sido nuestra vida en la ruta en furgo por Australia. Un viaje que habrá durado 2 meses y medio y que sólo ha sido el aperitivo que deja las puertas abiertas a futuras expediciones por el país para descubrir Northern Territory y Western Australia.

domingo, 26 de febrero de 2012

¡YA TENEMOS NOMBRE!

Os presentamos a MATE. Es una Mitsubishi Delica del 87 de 8 plazas con asientos abatibles. Ha recorrido 320.000 km que equivalen a haber hecho 10 veces la vuelta a Australia. Y hasta ahora lleva más de 6.000 km recorridos con nosotras.


Su nombre lo habéis escogido vosotros. Mate en inglés quiere decir amigo y es una de las palabras favoritas de los australianos…How are you going mate? No worries mate!
Viajar en Australia en furgo era una de las partes más esperadas de nuestro viaje y ha superado con creces las expectativas. Hemos estado en la costa sureste, en el  semi-outback y ahora estamos recorriendo parte de la costa noreste. Y decimos parte porque este país es tan inmenso que con más de 6.000 km no hemos hecho ni una cuarta parte de su perímetro. Así que un par de consejos para los que tengáis pensado viajar a Australia:


1. Al estar en el hemisferio sur, Australia tiene las estaciones invertidas a las europeas, pero esto suele engañar un poco. Sydney está más o menos a la misma latitud que Barcelona, por lo tanto podemos decir que su clima es similar, pero invertido. Si cogemos la costa este, Sydney está a menos de un cuarto de su total al sud, así que de ahí para arriba el clima se va volviendo cada vez más tropical hasta llegar a ser como el de Indonesia a la altura de Cairns. Ahí hace calor todo el año, pero tienen dos estaciones la seca y la lluviosa. La seca coincide con el invierno de Sydney y la lluviosa con el verano. Así que si viajáis a Australia en el verano europeo encontraréis temporada seca en el norte e invierno en el sud, mientras que si viajáis durante el invierno europeo encontraréis verano en el sud y lluvias en el norte.
2. Para viajes de más de 3 meses, comprar una furgoneta sale más a cuenta que alquilarla, pero cuidado…durante el verano australiano los precios se disparan y pueden llegar a cuadriplicarse. Hay que contar también en los cambios de nombre del coche y que si el coche ha sido matriculado en otro estado tendrás que ir a ese estado ha hacer los trámites lo que puede suponer un gran problema. En las grandes ciudades hay sitios específicos donde encontrar furgonetas de 2ª, 3ª o 14ª mano; en Sydney las podréis encontrar en Victoria St.
3. Según cálculos de los más expertos, viajeros locales que llevan tiempo recorriendo el país, para dar la vuelta a Australia por tierra y con un vehículo propio (incluyendo una corta visita al outback) se necesita un mínimo de 12 meses, un 4x4, un generador de energía para cargar una batería extra, un compresor de aire y un muy buen libro de parques naturales y de camp ground gratuitos.


4. Contrariamente a lo que algunos piensan, las zonas de acampada gratuitas no se limitan solamente a las áreas de descanso, la mayoría de parques naturales (excluyendo los más conocidos) tienen camps grounds gratuitos o low cost (unos 8€ por vehículo). Todos están equipados con lavabos secos, zonas de sombra, barbacoas y algunos hasta tienen depósitos de aguas pluviales para uso público. No suelen haber duchas en los parques, pero sí en las playas, piscinas públicas, algunos Centros de Información y hasta alguna gasolinera. Llevar una ducha solar te salva en algunas ocasiones.
Hay muchas cosas más que se descubren viajando por Australia, pero esas os las dejamos para vosotros. Hemos compartido las 4 esenciales que te ayudan mucho a la hora de planificar un viaje a las antípodas, no hace falta decir que estamos abiertas a dudas, inquietudes o a los que tengan ganas de saber más. Os dejamos con una canción de The Cat Empire para acabar esta sesión down under.

jueves, 16 de febrero de 2012

DEJAMOS LA COSTA Y NOS VAMOS A MELBOURNE


Creo que ya hemos comentado alguna vez lo poco importante que parece haber sido la historia de Australia para el resto del mundo, ni siquiera con la llegada de los europeos, amos y señores de la prensa más influyente de las últimas décadas, la historia de este país ha generado más interés al resto del mundo. Teniendo en cuenta que los primeros ciudadanos australianos que vinieron de Inglaterra en el siglo XIX fueron convictos enviados por su propio gobierno y que a esta tierra le llamaban Down Under (Debajo de Abajo), ya nos da una idea de lo poco importante que era para el mundo “de arriba” lo que ha acabado siendo un país próspero, equilibrado y más que habitable.

Por  mucho que los ingleses modernizaran el país, los primeros australianos fueron los aborígenes, de eso ya hemos hablado pero hay algo que sucedió aquí mucho antes que aún nadie sabe explicar con certeza y que, como muchas otras cosas, no han tenido demasiada difusión aún siendo uno de los pilares de la antropología.

La incógnita es la siguiente: se han encontrado restos humanos en Australia de hace 60.000 años y hace 60.000 años aún faltaban otros 30.000 para que la especie humana dominara la navegación y en esta isla no hay simios de los cuales pudiéramos evolucionar. Si las migraciones humanas partieron del continente africano y llegaron a Eurasia, ¿cómo se explica que hace 60.000 años llegaran a Oceanía? Si partimos de la suposición que dominaban la navegación, entonces tenemos que asumir que también habían sido los primeros en desarrollar una técnica de construir embarcaciones que permitiera cruzar largas distancias con condiciones marítimas desfavorables  (para que os hagáis una idea en esa época sólo se construían botes planos de troncos). La alternativa al avance en técnicas de navegación sería que un pescador con un bote de troncos se perdiera y sobreviviera hasta llegar a tierras australianas y fuera capaz de volver a su casa para convencer a un grupo de gente a cruzar en botes de madera hasta un supuesto paraíso (y no morir en el intento). Dicho así, parece que la teoría de que esa gente iba años luz adelantada en técnicas de navegación es más probable. De todas formas todo son teorías…¿alguien tiene otra?


Pero volvamos a lo nuestro que estamos en el siglo XXI, no somos convictas y hemos llegado en avión. Algo que nos sorprende mucho de Australia es que los animales que han evolucionado en esta isla son completamente diferentes al resto, pero están perfectamente adaptados al medio. Los canguros y wallabies parecen conejos altos y desproporcionados, pero corren como las flechas y tienen las extremidades delanteras libres al moverse. Van siempre en grupo y son muuuuy territoriales.


Los Koalas (hemos visto muchísimos en el sur) son animales que duermen 20 horas al día sentados en las ramas de los árboles, son solitarios y cuando no están en los eucaliptus se mueven con torpeza. Los echidnas son más rápidos de lo que parecen, difíciles de ver, pero muy divertidos; también son solitarios. También hay wombats, possums, ornitorrincos, infinitas especies de pájaros y miles de otras especies que sólo han evolucionado en Australia.

Nuestra ruta por la costa llegó hasta uno de los puntos más sobrecogedores del sur de Australia, los 12 Apóstoles. Unas formaciones de piedra caliza que se han mantenido en pie y han aguantado la erosión del viento y las duras mareas del sur de Australia. Casi se circula en fila india para llegar a los miradores, pero pese a lo turístico que es el paisaje es espectacular. Y de las rocas calizas pasamos a los minerales más preciados del mundo: el oro de las antiguas minas de Ballarat que sufrieron su “gold rush” en 1850-70. En Ballarat nos acogieron Jude y Hannah, unas Couchsurfers con las que nos divertimos cocinando tortillas de patatas y haciendo planes para sus futuras visitas a Barcelona. Fue como llegar a casa de unas amigas que hace mucho que no ves, unos 30 años…


Y de ahí directas a Melbourne donde nos esperaba, por decisión de los lectores, un relajante paseo en barco por el río Yarra que une la ciudad con la bahía de Port Phillip. Melbourne es una ciudad que combina las iglesias al más estilo victoriano con rascacielos, bares modernos y calles llenas de graffitis. Como todas las grandes ciudades australianas que hemos visto hasta ahora, tiene un punto impersonal y consumista que dista de la impresión que tenemos de los pueblos y ciudades más pequeñas donde reina el sabor australiano y la cordialidad. Definitivamente no nos gusta la globalización…



Otra de las decisiones que hemos tomado por votación de los lectores ha sido llegar a la cima del Mt  Kosciuszko , en el Kosciuszko National Park, siguiendo la Summit Walk, una serpenteante caminata de casi 20 km que nos llevó al punto más alto del país a 2.228 m. Australia es uno de los continentes más jóvenes del planeta y por esa razón es bajito y muy llano, eso no quita que el ascenso al  Kosciuszko  fuera una gran experiencia que vivimos como si fuéramos la primera expedición que llegaba a esa cima…



lunes, 6 de febrero de 2012

LA VIDA EN CINCO METROS CÚBICOS

Abres los ojos y tardas unos segundos en recordar dónde estás. ¡Ah sí! En el Bend Boyd National Park. Abres la puerta corredera lateral y sacas un pié para saber qué temperatura hace, según lo que notas ahí fuera te pones los pantalones de montaña o los cortos, calcetines o chanclas, chaqueta o bikini. El tiempo en Australia es así, pasas del calor extremo al frío antártico en horas.


Sales del cubículo y corres al baño público del parque; abres la puerta, comprobación de arañas y papel. Vale. Te desperezas al salir y notas el viento helado de cara, haga frío o calor el viento es omnipresente en Australia. Vuelves a tu habitación de cinco metros cúbicos y los conviertes en una furgoneta. Dobla sábanas, recoge manta, enrolla el colchón y mueve las mochilas de adelante a atrás. ¡Ya está!




La mesa, las sillas, el fogón y el gas siguen en el jardín. ¡Bien! La parte trasera de la furgoneta se convierte en almacén y cocina. Desayunamos mientras repasamos el plan del día, qué bonito se ve el jardín por la mañana, los árboles son inmensos y de fondo canta el pájaro-mono.



Nos ponemos en marcha, hoy toca visita+baño+compras+100 km hacia el sur por la costa. El parque es grande y los caminos arenosos y llenos de agujeros, hay que conducir despacio. Hemos renunciado al GPS, nos sentimos más cómodas con los mapas (¿seremos anticuadas?). Nos perdemos un par de veces, pero encontramos nuestro objeto de visita, caminamos, nos maravillamos, unas fotos, comemos unas frutas con vistas y seguimos el camino hacia la playa.

Las playas australianas suelen ser enormes, solitarias y muy salvajes. El viento sopla fuerte y el color azul es tan intenso que puedes quedarte horas mirándolo, nunca habíamos visto un color igual. Metemos un pié y siempre pasa lo mismo, la valiente sigue adelante y la friolera tira para atrás….mejor hacer unas fotos…

Cuando el viento y las moscas empiezan a ser insoportables nos marchamos. Tenemos que encontrar una ducha para quitarnos la sal y hacer el resto de actividades previstas, vamos mal de tiempo y eso que el sol se pone a las 21h…Y hablando de duchas, tomar una ducha es de lo más difícil en un road trip. Llevamos una ducha solar, una bolsa negra que calienta el agua con el sol, pero en los parques nacionales ni tenemos puntos de agua ni es apropiado utilizar jabón. La alternativa es una ducha fría sin jabón en las instalaciones de las playas urbanas o, si hay suerte, encontrar un camping con entrada para visitantes.


Comprar es más fácil, hay supermercados en casi todas las poblaciones. Nuestras provisiones suelen ser enlatadas y cada unos cuantos días compramos carne al carnicero y verduras y frutas frescas. Pasar la tarde en el súper significa tener que ponerse la ropa de invierno para no morir congeladas mientras escogemos si leche entera o desnatada.

Quedan aún los 100 km que recorremos lentamente (80 km/h es una velocidad más que suficiente para nuestra Mitsubishi Delica del  87), pero los trayectos siempre son agradables, buenas vistas, buena compañía y buena música cuando encontramos alguna emisora, eso sí, os advertimos que los australianos son unos amantes empedernidos de los hits de los 90…

La mejor compra que hicimos al iniciar la ruta ha sido nuestro libro de camp grounds gratuitos o asequibles en los Parques Nacionales, Regionales o Estatales de Australia, lo único que le falla al libro es que las descripciones no son del todo completas y nos perdemos un par de veces antes de encontrar la entrada al Parque, pero eso ya entra en nuestro timming.

Llegamos, escogemos nuestro nuevo jardín y montamos mesa, sillas, fogón y gas. Cocinamos alegremente mientras estudiamos los 300 papeles que hemos cogido en el Visitor Centre y preparamos la ruta del día siguiente.



Oscurece, partidita a las cartas y convertimos la furgoneta en nuestra habitación de cinco metros cúbicos. Cierras los ojos y recuerdas lo rápido que pasan los días en las antípodas.

lunes, 30 de enero de 2012

EN LA ESQUINA IZQUIERDA


“En la esquina izquierda, en la esquina izquierda” vamos pensando mientras recorremos las pasarelas de madera a paso ligero. El corazón late deprisa y al fondo vemos el mar. Llegamos a la playa, bajamos por las gradas hasta pisar la arena, últimos pasos y nos sentamos en la esquina izquierda.
Quedan aún 2 horas para que anochezca, son las 19:04. Charlamos, miramos cómo llega la gente y llenan los espacios vacíos, comentamos la jugada “¡qué rápidas hemos sido!”, seguimos charlando, pero de reojo no perdemos de vista el romper de las olas. Nos ponemos nerviosas.
Esa  mañana conocimos a Jérome, Natalie y a sus 3 hijos desayunando en un parque. Jérome nos pregunta:
-          ¿Y cuánto tiempo lleváis viajando?
-          Nueve meses – respondemos poniendo cara de “qué pena que vosotros sólo tengáis un mes de vacaciones”.
-          ¿Y vosotros? – preguntamos por cortesía.
-          Mmmmm… 3 años – dice Natalie haciendo cálculos mentales.
-          ¡Uauh! – y ponemos cara de póker, esta vez de verdad.
-          En barco  - remata Jérome.
-          Vale, somos unas novatas – concluimos.
Sus dos hijos menores, nos contaban, han pasado más noches en el barco que en tierra firme. Han dado la vuelta al mundo y conocen los secretos de muchos países. Cuando no están navegando viven en la Polinesia Francesa o en Nueva Caledonia donde los adultos trabajan y los niños van a la escuela. Podéis seguir su aventura en Namaka Boat. El caso es que como ellos habían llegado a Phillip Island, al sur de Melbourne (Australia), un día antes que nosotras nos dieron algunos consejos, entre ellos sentarse en la esquina izquierda.
Qué nervios, el sol empieza a ponerse y la playa empieza a quedarse en la sombra. Son las 20:45. La gente se alborota, se levantan, comen, hablan con los vecinos, gritan. Las 21:00, ya ni nos miramos, tenemos los ojos clavados en el agua. De pronto una voz por megafonía empieza a darnos instrucciones: a partir de ese momento no se puede hablar, ni moverse y, por supuesto, las cámaras siguen prohibidas para todos los que no tenemos un permiso especial. Se hace el silencio y se enciende un foco con una luz tenue sobre la playa.
Estamos tan concentradas en las olas que de vez en cuando tenemos que parpadear para no ver borroso. De pronto la resaca de una ola deja entrever una sombra  negra, no, ¡son dos! Un par de olas más y las sombras se incorporan y pasan a ser torsos blancos. Nos estremecemos y se oye un “¡oh!” general en voz baja. Son los dos primeros pingüinos que se atreven a salir del agua ante tanta expectación. Uno decide recular y adentrarse de nuevo, el otro avanza cautelosamente hacia una duna de arena que nos queda a dos metros. “La esquina izquierda” pensamos mientras nos pasa el primer pingüino pigmeo por delante…
Giramos de nuevo la cabeza hacia el agua y nos damos cuenta que la orilla se ha llenado de sombritas negras que se van convirtiendo en torsos blancos. Hay 10, 20, 30… nos descontamos. En grupos de unos diez los pequeños pingüinos (son los más pequeños del mundo y miden unos 30 cm) siguen los pasos del primero y suben por la duna. ¿Qué pasará detrás?
Al cabo de un rato, perplejas ante la orilla, nos levantamos y volvemos a las pasarelas de madera por las que habíamos entrado sin fijarnos que estábamos cruzando un banco de dunas cubiertas por densos arbustos que albergan centenares de nidos.
Hay pingüinos por todas partes, se mueven, se paran, tropiezan, se pelean, parecen perdidos. De fondo un sonido como el llanto de un niño, son las crías que llaman a sus padres. Poco a poco las familias se van encontrando y los padres, que han estado todo el día buscando comida en aguas del Estrecho de Bass, regurgitan para alimentar a sus crías y después se meten en el nido.
Han pasado 2 horas desde la salida del primero y aún hay pingüinos por todas partes. ¡1131 leímos al día siguiente! Pese al frío, al cansancio y al hambre nos quedamos 1 hora más para contemplar ese espectáculo único en el mundo que nos recuerda que hace millones de años Australia formaba parte de la Antártida.

viernes, 27 de enero de 2012

DE SYDNEY A MELBOURNE POR LA COSTA


Hay muchas cosas de Australia que nos gustan, pero os vamos a contar esos detalles que hacen que aquí te sientas feliz. Nos gusta el culto de los australianos al aire libre y a la naturaleza, viajar en campervan es lo más sencillo del mundo, hay facilidades en todas partes, pero lo mejor son las barbacoas públicas que funcionan con electricidad o gas. Y no es que haya una o dos, no no no, en cada pueblo, parque, área de descanso, área de picnic…puedes encontrar barbacoas impecables (porque aquí todos tienen consciencia de grupo y las limpian más que si fueran suyas) para hacerte una buena parrillada con la carne que le has comprado al carnicero del pueblo que te ha atendido con la mejor sonrisa del mundo. Y éste es otro de los detalles, ya puede ser una persona mayor, joven, de aquí o de allá, carnicero, dependiente del súper, de la gasolinera, un transeúnte que te cruzas por la calle, tu vecino de caravana…TODOS te van a saludar y a hacerte la vida más fácil con su ayuda y con una sonrisa de oreja a oreja. Porque los australianos son felices, no todos lo deben ser, claro, pero la sensación general que tienes en este país es de seguridad, tranquilidad, amabilidad y facilidad. Y bueno, viven un poco al margen del resto del mundo, vale, pero es que su país es tan enorme y autosuficiente que no necesitan más.


Más detalles que nos gustan…¡ah sí! ¡Nos encanta poder comprar en ruta! En las áreas de servicio o descanso hay camionetas que vienen directamente del campo con las verduras recién recogidas, pero esto no es lo mejor…hay mucha gente que vende o regala fruta, verduras, hielo o huevos en sus casas o granjas, cada mañana dejan lo que tengan para vender en la entrada de su propiedad con una cajita al lado con los precios de cada cosa. Tú lo coges y dejas el dinero en la caja. Los que lo regalan siempre dejan un cartelito explicando qué tipo de fruta es con el unas palabras de agradecimiento por ayudar a consumir su excedente…¿ellos me lo agradecen a mi? ¡El mundo al revés!


Cada día nos pasan cosas nuevas que nos reafirman que nos gusta esta tierra, pero sería imposible contarlas todas…vamos a centrarnos en nuestra ruta por el sureste australiano. Tal y como decidisteis, lectores, nuestra ruta de Sydney a Melbourne la hemos hecho por la costa. Hemos seguido todas la Tourist Drive (como llaman aquí a las carreteras con buenas vistas y paisajes) para disfrutar del azul más intenso que hemos visto hasta ahora, las playas más infinitas y solitarias, las carreteras más extremas y los pueblecitos más encantadores.


Para que os hagáis una idea, un trayecto que sin pausas es de 1.000 km, nosotras lo hemos hecho en 2.000 km…¡el doble! Pero es que los Australianos saben cómo llamar tu atención y tienen una capacidad de sacarle partido a todo que nunca habíamos visto antes. Me explico, en cada región hay dos o tres Visitor Center donde puedes pasar horas recopilando información, folletos, flyers y rutas por la zona. Siempre tienes a un par de informadores que te responderán a todas tus preguntas sea un domingo a las 4 de la tarde o un lunes a las 9 de la mañana, y además se interesarán por tu procedencia y tus impresiones en su país. Con eso consiguen mostrar cada uno de los rincones bonitos de su región, sin que algunas zonas dejen de tener interés porque no tienen la gran barrera de coral o una montaña sagrada llamada Uluru.

Las facilidades para el visitante no se quedan aquí, hay baños públicos en todas partes, piscinas gratuitas, duchas en las playas, barbacoas, zonas de picnic…y todo eso en un marco que pasa del verde al rojo al azul y al negro en un abrir y cerrar de ojos. Si queréis información detallada de nuestra ruta la encontraréis en el apartado NUESTRA RUTA.

miércoles, 18 de enero de 2012

LLEGADA A LAS ANTÍPODAS: SYDNEY Y ALREDEDORES

Si os interesa Australia y no lo habéis hecho, os recomendamos que leáis un libro titulado Down Under (trad. En las Antípodas) de Bill Bryson. Para nosotras ha sido una buena manera de acercarnos y entender un poco más un país tan especial en varios aspectos como es Australia, ahora que ya hemos llegado vamos a hacernos nuestra propia idea. De momento ya os podemos adelantar una primera impresión, ¡Australia es un mundo aparte!


Imaginaos la cara de los primeros exploradores que consiguieron llegar a este lejano lugar, no fue fácil deducir que las diferentes tierras descubiertas por diferentes hombres eran el mismo enorme continente, cuando vieron extraños animales que no habían visto en ningún otro lugar (canguros, wombats, possums, koalas…), montañas azules, enormes rocas en medio de un desierto…les contaba relacionar las diferentes incursiones al mismo lugar ya que nada tenían que ver las descripciones de los que decían que era una tierra fresca y verde, con los que aseguraban que era un lugar hostil, caluroso y árido, pero es que Australia es enorme y cambiante, tiene una superficie de 7.686.850  km2 y 3 franjas horarias diferentes y una población de 21 millones de personas, lo que significa que la densidad es de menos del 2,73 pers./km2



Y pensar que la nueva Australia empezó como una “cárcel”, un lugar donde el gobierno británico mandaba a ladrones de poca monta a aburrirse…pero Australia tiene un punto oscuro que aún no han sabido lidiar…los británicos no llegaron primero, los verdaderos pobladores de esta tierra son los aborígenes. Pero cuando le preguntas a cualquier australiano por la convivencia con los aborígenes siempre obtienes la misma respuesta…”Oh, es muy complicado” Y nada más…

Australia era una parada clave en nuestro viaje por varios motivos: no se tiene cada día la oportunidad de irse literalmente a la otra punta del mundo, la idea del verano en enero nos gustaba, pero tener un hermano que lo ha dejado todo para vivir su propia aventura en este maravilloso país era la más importante. Y tan o más importante es para una madre y una tía que decidieron cruzar medio mundo para reunirse con todos nosotros, coger una furgoneta y recorrer la costa sur de New South Wales. ¡Una idea descabellada la verdad!


Pero no salió tan mal. Los días en familia empezaron en Sydney con una primicia los fuegos artificiales de Año Nuevo. Después de unos días descubriendo los rincones de la ciudad, de la mano de un casi experto, nos mentalizamos en conducir por la derecha y nos echamos a la carretera en busca de Jervis Bay y el parque natural de Booderee. La experiencia entre canguros, eucaliptus y playas salvajes nos gustó tanto que decidimos seguir la ruta de parques naturales y nos fuimos a ver el más esperado…las Blue Mountains. Y bueno, aparte del Blue este parque natural tiene un noséqué cautivador que te atrapa entre sus explanadas arboladas, sus familias de canguros y sus simpáticas cacatúas ladronzuelas.


Las playas de Callala y el lago de Wollongong también entraron en el plan, así tuvimos un poco de todo…pero lo que más recordaremos seguro que serán los infinitos momentos divertidos que hemos pasado escapando de los rangers, sacándole brillo a las barbacoas eléctricas después de desayunar salchichas, jugando a la “la podrida”, curando heridas en la cabeza después de nuestra primera clase de surf o montando y desmontando furgonetas para ir a dormir. ¡Ha sido un placer!