¡Cinco fotos compitiendo y un resultado más que aplastante! Parece que a vosotros también os gustan los fondos marinos y el azul eléctrico...así que ya tenemos la foto del mes ganadora de Polynésie. Hay que decir que para conseguir esta foto casi morimos ahogadas, pero los detalles los tendréis que descubrir en la publicación del blog de Panasonic.
Podéis consultarla aquí o en el enlace de Panasonic en el lateral de nuestra web, donde podréis conocer los detalles técnicos de la foto así como la historia que hay detrás de ella y alguna anécdota divertida.
¡Ya hemos empezado a preparar la próxima foto del mes!
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martes, 29 de mayo de 2012
FOTO DEL MES GANADORA: POLYNÉSIE
lunes, 14 de mayo de 2012
FOTO DEL MES: POLYNÉSIE
¡Aquí tenéis las nuevas candidatas a foto del mes, esta vez de Polinesia, esas islas perdidas en medio de la inmensidad del pacífico, donde los días pasan entre barreras de coral, lagunas con colores increíbles, peces tropicales, frutas de tamaños inexplicables y mucha tradición ancestral. Estas son las 5 fotos finalistas para la foto del mes. Tenéis dos semanas para votar y decidir cuál será la foto ganadora que se publicará en el blog de Panasonic.
Recordad que a parte de los comentarios que nos queráis dejar, que nos encantan, tenéis que votar en el apartado de VOTACIONES en el lateral derecho del blog.
¡Éstas son!
FOTO #1
FOTO #4
FOTO #5
¡Éstas son!
FOTO #1
FOTO #2
FOTO #3
FOTO #5
martes, 8 de mayo de 2012
¡MAURURU POLYNÉSIE!
Imaginaos las islas del Pacífico antes de la era Cook. Tenemos a unos indígenas completamente adaptados a un medio, a un clima, a los alimentos que la tierra produce. Se han desarrollado enormemente en el campo espiritual, en el mental, en el energético. Tienen su propia manera de explicar el mundo y la naturaleza, tienen sus propias jerarquías y de pronto…les caen los colonos encima. Con ellos llegan nuevas enfermedades, nueva religión y nuevos hábitos.
El vestido tradicional polinesio (una falda hecha de hojas, una corona de flores, un pelo larguísimo tapando el torso y todo el cuerpo tatuado) se considera una ofensa y les obligan a taparse de pies a cabeza, los maraes (sus centros ceremoniales) se sustituyen por iglesias católicas, protestantes, amish…El color de la piel se vuelve más claro debido a las generaciones mixtas (hijos de polinesio y europeo o chino). La sociedad se globaliza poco a poco y pierde a pasos galopantes su cultura ancestral y su idioma.
Raivavae pertenece al archipiélago de las Australes y dicen que será la próxima Bora Bora…otra isla a merced del turista exigente e inconsciente. No nos arrepentimos de haber ido tan lejos para verla antes de que esto pase. Raivavae tiene la fama entre los locales de tener la laguna más perfecta de la Polynésie. ¡Y no mentían! Entre la barrera de coral y las montañas que formaron el antiguo volcán encontramos las aguas más azules que nunca hemos visto antes. Turquesas en la zona de “motus” (pequeños islotes hechos de arena acumulada por las corrientes), y azul eléctrico en las zonas más profundas.
Pero aún nos faltaba la última isla que cierra el triángulo polinesio en el Pacífico: Rapa Nui.
Son los años 70 y de pronto llegan de nuevo los europeos, esta vez sin carabelas ni nuevos tubérculos que cultivar. Con ellos llega el ateísmo, el nudismo, el bronceado…esos misioneros que tanto les hicieron perder se substituyen por liberales sin dioses, locos por quitarse la ropa y no dejar ni un centímetro de piel sin broncear. Y ahora todos queremos saber sobre la cultura polinesia, sus bailes, sus ceremonias…intentamos aprender palabras de tahitien, una lengua que se pierde poco a poco. Si los ancestros pudieran hablar nos dirían “¡no hay quién os entienda!”. Y tendrían razón…
A nosotras no nos gusta dejar demasiado impacto a nuestro paso por el mundo. No somos como James Cook, no somos exploradoras ni misioneras. Preferimos pasar desapercibidas, mezclarnos con los locales y adaptarnos a sus costumbres. Nos gusta el taro, el uru, el poisson cru, llevar collares de flores cuando nos dan la bienvenida y de caracolas cuando nos despiden. Por suerte aún quedan islas del pacífico donde puedes encontrar esa tranquilidad de la vida isleña sin bares, sin hoteles “sur-pilotés”, sin pizzerías…nosostras nos decidimos por Raivavae.
Por el momento sólo te puedes alojar en pensiones familiares y moverte con kayaks o con los pescadores si tienes suerte. Los corales albergan decenas de diferentes especies de peces y hay uno que nos gusta especialmente: el pez bala. Es territorial y su deber es defender su espacio, sea como sea el que cruce la línea. Así que si invades la zona de este adorable pez de colores que no tiene miedo de nada, se pone a dar vueltas a tu alrededor hasta que te ataca…¡Aleyda os puede asegurar que tiene dientes!
En Moorea, la isla mágica que esconde las puestas de sol de Tahiti, nos encontramos otros peces bala, pero esta vez les respetamos y mantuvimos distancias. A Moorea fuimos en bicicleta, pero el tiempo no nos acompañó y nos tocó pedalear bajo la lluvia cada día, pero tampoco estuvo tan mal, el sol en un país húmedo y caluroso puede dejarte exhausto en cuestión de minutos. Nuestra meta era dar la vuelta a la isla y subir al mirador, ¡y lo conseguimos!
De vuelta a Tahiti pasadas por agua nos esperaba Marta con un extenso muestrario de vestidos típicos tahitiens para irnos a una cena de la escuela de Tamuré, las danzas tradicionales. Las coronas y los colores no faltaron en la velada. Entre cenas, fiestas de despedida y sesiones de cine no nos dimos cuenta y ya llevábamos nuestro collar de caracolas que nos despedía de la Polynésie y de Marta.
lunes, 30 de abril de 2012
SURCANDO EL PACÍFICO
La Polinesia Francesa está formada por varios
archipiélagos que dependen administrativamente de Francia desde la segunda
mitad del s.XIX. Lo primero que sorprende al llegar a Papeete, la capital, es
entrar al país por la cola de ciudadanos de la UE, sin sellos ni colas. Lo
segundo, entrar en una isla tropical donde la mayoría de gente se autoabastece
con la pesca y la agricultura, pero donde los precios del los servicios son
desorbitados: 500 € para volar de una isla a otra, 1,5 €/l de gasolina, 7
€/hora de internet, 30 € por una cena en un puesto callejero…Pero aquí los
sueldos de los que encuantran un empleo (hay pocos, pero afortunadamente los
locales tienen preferencia siempre) doblan o triplican los nuestros y el
gobierno francés pone todo su empeño por dar subvenciones, ayudas y
créditos…¿lo harán por intentar compesar el daño que hicieron cuando, pactado o
no, convirtieron estas islas del Pacífico en zona de ensayos nucleares desde 1963?
Sea como sea, tienen una deuda que no conseguirán
saldar con dinero. Quizás lo mejor es lo que defiende una parte creciente de la
población: la independencia. Teri’i es uno de ellos, cree en su tierra, en su
lengua, intenta recuperar su cultura machacada por los misioneros y sabe que
este cambio conllevaría algunos pasos atrás que tendrán que aprender a
enfrentar y lidiar. Junto a Teri’i,
Christelle y sus 5 hijos pasamos una enriquecedora semana en su cámping Hiva Plage en Huahine.
Llegar y salir de la isla no fue fácil si no te
dejas convencer por las facilidades de viajar en avión o si los 500 € no te
convencen…Las comunicaciones marítimas son escasas, sólo hay dos barcos a la
semana que hacen el recorrido entre las islas de la Société, barcos cargueros
que aceptan a 10 pasajeros y algunos polizones. Los billetes, que cuestan 50
veces menos que los de avión, se tienen que comprar con mucha antelación. Y si
no llegas a tiempo, nosotras teniamos 2 y eramos 3, tienes que esperar a que el
barco esté a punto de zarpar para saltar a bordo…le tocó a Marta.
Zarpamos a las 17h y llegamos a Huahine a las 2h de
la mañana…la primera isla en la que para el carguero, menos mal…Esperamos hasta
las 6h de la mañana, durmiendo en la parada de los tomates, hasta que el sol
empezó a dar luz a una isla de colores mágicos y montañas moldeadas. Nos
quedamos embobadas hasta que llegó Christelle y nos llevó al cámping, al sur de
la isla. Si el puerto de Fare nos pareció encantador, la playa de Parea nos
dejó sin palabras. Montamos tiendas, bikini, gafas y a bucear…
Teri’i puso mucho empeño en descubrirnos los
secretos de su isla, nos encanta escuchar a aquellos que aman sus raíces. Nos
llevó a ver los entrenamientos de va’a (piragua) a una playa muy tranquila, nos
llevó a las montañas sagradas y nos explicó los rituales de sus ancestros,
hicimos una excursión en bicicleta hasta una zona remota de la isla donde nos
sentimos protagonistas de una mezcla entre peli de aventuras en la jungla y de
náufragos…Y el resto de horas a jugar con los niños, ellos nos enseñaban los
secretos del mar y nosotras los del circo.
Y llegó la hora de irnos, pero esta vez por la
puerta grande: un ferry de pasajeros que nos dejaría en Tahití en sólo 4 horas
y que sólo hace el trayecto una vez por semana. Afortunadas…no tanto. No
tardamos ni 30 minutos en empezar a notar los achaques de las olas contra el
casco, y las siguientes 3 horas y media las pasamos cogidas a una bolsa de
plástico, obviaremos los detalles. Pero la vuelta a Tahití iba a durar poco
porque nos esperaba otra aventura: ¡llegar a Raivavae!
lunes, 23 de abril de 2012
¡IA ORANA POLINESIA!
Coged otra vez el atlas…”otra vez” pensaréis,
¡pero es que aún hay muchas cosas que descubrir! Abrid por la página del océano
Pacífico y fijaros en los centenares de puntos que aparecen en medio del mapa,
¿los veis? Quizás necesitaréis una lupa…¡cada uno de esos puntos es una isla! Y
se agrupan en grandes archipiélagos: Micronesia, Melanesia, Polinesia…que a su
vez se agrupan en pequeños archipiélagos: Tuamotu, Marquises, Gambiers,
Australes, Société…que a su vez algunas se subagrupan en pequeños
archipiélagos: Îles du vent, Îles sous le vent…
La relación de Marta con la Polinesia empezó hace 3 años, en un viaje de mochila al paraíso de sus sueños. De la mochila pasó a la maleta y de la maleta a enviar 3 cajas en barco e instalarse en Papeete, la capital de Tahiti. Cuando llegamos nos recibió con un collar de flores a la Tahitien y nos puso al día de la cultura y las costumbres locales, la verdad es que sólo le falta una trenza hasta las rodillas para confundirse con el resto.
En un panorama isleño de este calibre había que
buscar una explicación que encontramos en el Musée des Îles de Tahiti (Tahiti –
Îles du vent – Société – Polinesia): todas estas islas son volcanes, desde las
más pequeñas hasta las más grandes que forman Aotearoa (New Zealand). Casi todos
los volcanes están inactivos, pero hay dos puntos en toda esta explicación que
nos han llamado la atención: el primero tiene que ver con el movimiento de
placas tectónicas. Todos estos archipiélagos comparten la misma placa que tiene
su falla cerca del continente americano de manera que toda la placa está en
constante deriva hacia el oeste, ¿acabarán estas islas formando parte de otro
continente?
El segundo punto tampoco es esperanzador para el
futuro de las islas existentes ya que todos estos volcanes están en constante
movimiento y se sumergen poco a poco debajo del agua. Las islas más antiguas ya
no se ven, lo único que queda de ellas es una corona de corales que empezaron a
formarse hace millones de años en las faldas de la montaña y que ahora siguen
reproduciéndose y marcando el perímetro del antiguo volcán, a este tipo de
islas se las conoce como atolls. Eso quiere decir que Tahiti, Moorea, Huahine,
Bora Bora, Raiatea, Raivavae y el resto de islas que conservan su volcán
acabarán desapareciendo bajo el agua y sólo las recordaremos por su gran
barrera de corales.
Pero para que esto ocurra aún quedan millones de
años y de aquí a entonces se habrán formado nuevas islas volcánicas, así que no
os preocupéis…siempre estaréis a tiempo para visitar las islas del Pacífico…si
no fuera por Marta, nosotras tampoco estaríamos aquí.
La relación de Marta con la Polinesia empezó hace 3 años, en un viaje de mochila al paraíso de sus sueños. De la mochila pasó a la maleta y de la maleta a enviar 3 cajas en barco e instalarse en Papeete, la capital de Tahiti. Cuando llegamos nos recibió con un collar de flores a la Tahitien y nos puso al día de la cultura y las costumbres locales, la verdad es que sólo le falta una trenza hasta las rodillas para confundirse con el resto.
Tahiti es una isla preciosa formada por dos
volcanes. La grande Tahiti Nui es moderna y acelerada y la pequeña, Tahiti Iti,
tranquila y tradicional. Las dos destacan por sus enormes montañas verdes y
casi inaccesibles, cascadas, ríos salvajes y aguas cristalinas. El surf reina
en todas las playas y los locales son extremadamente amables y generosos. Al
ser Protectorado Francés hay una mezcla tanto de alimentos como de cultura y
gestión difícil de entender, pero en harmonía. No obstante, se están perdiendo
muchas tradiciones locales únicas, la más impresionante, la navegación guiada
por la astronomía.
Lo que más nos impresiona en Tahiti son las
puestas de sol, ¡cada día diferentes! A 25 km de la isla, al oeste y en frente
de Papeete, se encuentra Moorea. Otra imponente isla de colores mágicos que atrae
la mirada desde cualquier ángulo. El sol se pone detrás de Moorea cada día como
diciendo “si quieres saber lo que hay aquí detrás, ven a descubrirlo”…Y ya
sabéis que a nosotras no hace falta que nos digan las cosas dos veces…¡Moorea
nos espera!
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