Mostrando entradas con la etiqueta _07 LAO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta _07 LAO. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de septiembre de 2011

FOTO DEL MES GANADORA: LAO

Ya tenemos la primera foto del mes ganadora del continente asiático, qué cambio de colores, ¿verdad? ¡Y ya la tenemos publicada en el blog de Panasonic!

Podéis consultarla aquí
o en el enlace de Panasonic en el lateral de nuestra web, donde podréis conocer los detalles técnicos de la foto así como la historia que hay detrás de ella y alguna anécdota divertida.

¡Ya hemos empezado a preparar la próxima foto del mes!

viernes, 16 de septiembre de 2011

FOTO DEL MES: LAO

¡Primera foto del mes del continente asiático! Concretamente de Lao, un país lleno de sorpresas. Aquí tenéis las 5 fotos finalistas para la foto del mes. Tenéis una semana para votar y decidir cuál será la foto ganadora que se publicará en el blog de Panasonic.

Recordad que a parte de los comentarios que nos queráis dejar, que nos encantan, tenéis que votar en el apartado de VOTACIONES en el lateral derecho del blog.


¡Éstas son!

FOTO #1



 FOTO #2


FOTO #3


FOTO #4



FOTO #5

lunes, 12 de septiembre de 2011

LA RECTA FINAL EN LAO

Las construcciones tradicionales en Lao están condicionadas por un factor climático determinante: el monzón. Es un fenómeno que tiene lugar durante el período de verano como consecuencia de los vientos que soplan de sur a norte, cargados de y de una barrera física natural, el Himalaya. Las lluvias torrenciales que afectan al país durante este periodo condicionan su manera de construir, que se basa en materiales autóctonos como la madera y el bambú.

Las casas se construyen con una estructura de madera, a una altura de 3 metros, ya que el terreno es tan húmedo y arcilloso que no sería habitable en planta baja, además de mantenerlas a salvo de las inundaciones donde el nivel del agua puede llegar hasta la puerta. El suelo es de lamas de madera y la cubierta se sujeta sobre rastreles del mismo material que se cubren con paja o tejas planas (aunque casi todas se están sustituyendo por placas metálicas o de plástico). Los cerramientos se construyen con un entramado de bambú ya que obviamente el clima no requiere ningún aislamiento.
En cuanto a la distribución, encontramos un porche en el acceso desde la planta baja, y un porche en la parte posterior que se utiliza de cocina. La parte interior se destina exclusivamente a dormitorio. La planta inferior es un buen lugar para almacenar herramientas de trabajo, proteger al ganado de la lluvia o para descansar un rato en la sombra…y todo rodeado por centenares de hectáreas de campos de arroz.

¿Dónde nos habíamos quedado? Ah sí, en Vientiane. Teníamos aún medio país que cruzar y sólo nos quedaban 10 días de visado, teníamos que escoger bien…Primera parada y primera equivocación Tha Kaek, una ciudad sin ningún encanto y supuesto campo base para visitar la cueva de Kong Lo. Después de recorrer los 332 km que nos separaban de esta ciudad nos dijeron que para visitar la cueva teníamos que retroceder 200 km. Desestimamos la opción y decidimos alejarnos cuanto antes de una ciudad que sólo nos inspiraba a películas de David Lynch.
Savanakhet nos animó, pero tampoco era la ciudad más emocionante del mundo así que decidimos que el destino nos pedía unos días de remanso y paz que aprovechamos para hacer todo aquello que sólo apuntamos en listas de “pendiente”, entre otras cortarnos el pelo.

En Pakse empezó de nuevo la actividad y las aventuras. Alquilamos una moto y pasamos un par de días perdidas en la Meseta de Bolaven, conocida por sus impresionantes cascadas y sus plantaciones de café. Por fin pudimos tomar un café más que decente que además nos salvó de una hipotermia causada por el microclima de la meseta y las lluvias infinitas.

Llegada la recta final de nuestro visado en Lao decidimos dedicar los últimos días a las 4000 islas (o Si Phan Don), pero no os asustéis no os contaremos nuestros días en 4000 islas, sería interminable y además no hay tantas! Las únicas 3 islas en medio del Mekong habitadas son Don Khong, Don Det y Don Khone…visitamos la primera y la última, un espectáculo de arrozales, búfalos de agua y niños dispuestos a batir el récord de Sabaidee’s por minuto!

miércoles, 7 de septiembre de 2011

PRESENCIANDO LA ORACIÓN


La mayor parte de la población Lao practica el budismo Theravada, en el cual los fieles se esfuerzan por alcanzar el nirvana (liberación del ciclo de la existencia), estado que se consigue en el curso de numerosas reencarnaciones que suponen un progresivo esfuerzo a favor de la iluminación (recordad que buda significa el iluminado). En los numerosos Wat (templos) extendidos por todo el país conviven miles de monjes que practican la meditación. En Lao un hombre no se considera maduro hasta que no ha pasado una temporada (entre 3 meses y un año) siendo monje. Pese que para las mujeres no es obligatorio, también las hay. Los monjes y las monjes no se mezclan, unos visten túnicas naranjas y ellas túnicas blancas, pero todos se han despojado de sus melenas. El único momento que comparten es la meditación, cuatro veces por día, ellos se sientan enfrente y ellas detrás, pero todos recitan al unísono las mismas oraciones. Las oraciones se practican en el edificio principal de Wat, y normalmente no se admiten visitantes aunque el wat permanece todo el día con las puertas abiertas. Excepcionalmente algunos Wat permiten la entrada de visitantes durante la oración, como es el caso del Wat Sok Pa Luang en Vientiane, y como no podía ser de otra manera… ahí estuvimos.

Después de nuestra experiencia con las elefantas decidimos alargar un par de días más en la excepcional ciudad de Luang Prabang para lavar ropa, ir a la exposición “historias del Mekong” y preparar nuestra siguiente etapa. Vientiane es la actual capital de Lao, durante la colonización francesa lo fue temporalmente Luang Prabang, y su provincia es la primera en la que el río Mekong hace de frontera natural entre Tailandia y Lao, con lo que puedes pasear tranquilamente por su orilla viendo Tailandia de fondo. Pero llegar a dar ese paseo no fue nada fácil.
El autobús a Vientiane salió puntual a las 9h de la mañana. Pasadas tres horas empezamos a ver a lo lejos colas de camiones parados en la carretera, nos detuvimos detrás del último camión y nos indicaron que debíamos bajar y cambiar de autobús. Cogimos nuestros 20 kg de mochilas cada una y empezamos a andar entre el caos, eso parecía una campo de refugiados. Las cunetas estaban abarrotadas de gente, había pequeños puestos provisionales de comida y hamacas colgadas en los lugares más inverosímiles (por ejemplo debajo de los camiones). Hacía cuatro días que las lluvias torrenciales habían provocado un desprendimiento de la montaña, tan enorme que había sepultado 1 km. de carretera. Andamos durante 1 hora los 5 km que nos separaban del final del embudo de vehículos, donde se suponía que tenía que llegar nuestro bus, se puso a llover a cántaros y todo se convirtió en un barrizal. Esperamos durante 4 horas en la carretera.

Ante la perspectiva de llegar a Vientiane a las 3 de la madrugada optamos por parar en Vang Vieng junto con nuestras nuevas compañeras de penurias en la carretera, y ahora ya amigas, Laura y Estelle. El plan B no estuvo nada mal, alquilamos bicis y visitamos la zona, cascadas, lagunas y unos paisajes espectaculares entre montañas cársticas!

Al día siguiente pudimos por fin llegar a Vientiane, una ciudad que a primera vista no tiene nada, pero que esconde aquellas típicas cosas que hacen que tu estancia sea perfecta, es tranquila, tiene rincones preciosos y un paseo delante del Mekong en el que puedes correr, pasear, comer un pincho o simplemente contemplar. Tuvimos tiempo para hacer un poco de todo, paseamos y cenamos en los mercados nocturnos, visitamos el excéntrico parque del Budha (y nos tocó hacer de profesoras de inglés a los alumnos del campamento de verano), alquilamos unas bicis y nos recorrimos la ciudad con su Estupa dorada (Pha That Luang) y sus templos, algunos muy nuevos y otros antiquísimos, y hasta tuvimos tiempo para asistir a una oración abierta a visitantes en el Wat Sok Pa Luang. Aún dudamos si fuimos al templo correcto, no había ni un solo visitante más, pero las monjes estuvieron encantadas con nuestra visita…probablemente éramos las primeras…

lunes, 29 de agosto de 2011

THE MAHOUT EXPERIENCE

Consultando un libro de animales en África descubrimos que algunas especies, como por ejemplo los elefantes y los humanos, tienen diferentes características dependiendo de su hábitat. Las especies que habitan en la jungla tienen una característica en común, su tamaño es más reducido ya que los espacios también lo son. El elefante pigmeo (el que vive en la jungla) pesa entre 3 y 6 toneladas mientras que el elefante de la sabana puede llegar a pesar 8 toneladas. El elefante asiático tiene además diferente estructura craneal, un tamaño de orejas más pequeño y otro color de piel. ¿Y por qué lo sabemos? Porque estuvimos muy cerca de ellos.

Después de que Samu y Carla nos lo recomendaran encarecidamente, decidimos embarcarnos en la “2 days mahout experience”. Mahout es el nombre de origen indio que reciben los instructores capaces de dirigir a un elefante. Nuestro día empezó a las 9 de la mañana camino al “elephant camp”, a 20 km de Luang Prabang, donde nos explicaron brevemente las instrucciones que había que darle a las elefantas y como subir en ellas.
Después de una comida laosiana, cruzamos el Nam Khan para llegar donde nos esperaban las elefantas que nos acompañarían durante nuestros 2 días. Nuestra primera toma de contacto fue un breve y pasado por agua paseo por la jungla, ya que algún grupo más de turistas estaba esperando su turno. Volvimos a surcar el Nam Khan camino a las cataratas Huay Sae, mientras esperábamos que llegara el atardecer, momento en que todos los turistas que habían visitado el campamento ese día volvían a Luang Prabang.

Nuestra tarea esta vez era acompañar a las elefantas hasta la zona donde pasarían la noche. Estar sentadas en el cuello de uno de estos animales, al atardecer, acompañadas de los sonidos incesantes de los habitantes de la jungla,  viendo como las enormes patas de las elefantas se hundían y deslizaban por el barro, al son de su acompasada respiración es una experiencia indescriptible. Pero lo mejor aún estaba por llegar.

Tuvimos que deshacer el camino que habíamos hecho con ellas, pero esta vez solos. Descalzos y con el barro hasta los tobillos, intentábamos avanzar entre los inmensos árboles de la jungla intentando evitar las caídas y desenado que a ninguna sanguijuela le diera por chuparnos la sangre. Tuvimos suerte con las sanguijuelas, no con las caídas…
Después de la lluvia pudimos disfrutar de una cena magnífica con el arcoíris de fondo para coger fuerzas para el día siguiente. A las 7 de la mañana ya estábamos en pie deseosas por ver de nuevo a nuestras elefantas. Las fuimos a buscar de nuevo a la jungla y las llevamos (o mejor dicho, nos llevaron) al río a tomar su baño matutino. ¡Cómo les gusta el agua!

Nos íbamos acercando al río y no teníamos claro lo que pasaría…¿teníamos que bajar (toda una hazaña) de las elefantas para lavarlas a la orilla de río? ¿Teníamos que acompañarlas para que se metieran en el agua? ¿Se bañaban ellas solas? Mientras pensábamos todo esto no nos dimos cuenta que ya estábamos a orillas del Nam Khan y las elefantas seguían caminando. Nos adentramos al río hasta que el agua les cubría todo el cuerpo menos el torso y la cabeza, ¡atónitos! No sólo les encantaba el agua, sino que les gustaba jugar a sumergirse, a tirarnos, a mojarnos. Estuvimos jugando dentro de esa agua tropical y completamente marrón como si fuéramos niños durante 1 hora, mientras intentábamos frotarlas con un cepillo. No sabemos quién se lo pasaba mejor, si nosotros haciendo el tobogán en su espalda o ellas duchándonos con la trompa.

Acabado el baño, nos sacaron del río, nos bajamos, les dimos algunos plátanos, nos despedimos de ellas y nos volvimos a subir a la barca camino de nuestra ducha…en todo el trayecto no se oyó ni una mosca…

viernes, 26 de agosto de 2011

SABAIDEE!

La fiebre del dengue (conocida coloquialmente como fiebre rompehuesos) se contrae con la picadura de un mosquito y, por lo general, este virus sólo se extiende en zonas húmedas, por ejemplo la selva. Los efectos son fiebre altísima, dolor de cabeza, dolor de huesos y, en algunos casos, vómitos y diarrea. No existe ni vacuna ni medicación para el dengue, así que en caso de sentir los síntomas se recomienda ir a un médico urgentemente. El tratamiento para sobrellevar la enfermedad durante los 5 o 7 días que puede durar es con antitérmicos, 3-5 litros de agua con suero para evitar la deshidratación, vitaminas y reposo absoluto. Eli pasó así los últimos 5 días de sus vacaciones.

Llegar a Bangkok después de 3 meses en África es como aterrizar en otro planeta. Asfalto, tecnología, trenes, rascacielos…el taxista que nos acompañó hasta Tanao Rd. No daba crédito de nuestras caras, lo único que no había cambiado era nuestra limitación comunicativa, él no hablaba inglés ni nosotras thai. Esa misma tarde nos encontramos con María y Eli, decidimos nuestra ruta, echamos un rápido vistazo a Bangkok y nos pusimos en ruta hacia nuestro destino: Lao.

Antes de cambiar de país decidimos hacer una breve parada en Chiang Mai para recorrer sus callejuelas, sus templos, el mercado nocturno y disfrutar de los famosos masajes Thai antes de seguir nuestro camino. Después de unas cuantas horas en ruta, llegamos a la frontera listas para cruzar el Mekong bajo la lluvia monzónica que nos acompaña desde que pusimos un pie en Asia.
Hemos recorrido el norte de Lao usando como campamentos base las ciudades de Luang Nam Tha y Luang Prabang. La primera es una ciudad de 25.000 habitantes en medio de arrozales y jungla y es el centro de turismo responsable de Lao. Surcamos el Mekong con nuestra barca de rafting, recorrimos los alrededores en Mountain Bike y nos deleitamos con la gastronomía de su mercado nocturno.

Luang Prabang tiene unos 55.000 habitantes y es mucho más turística, pero a la vez es acogedora y el encanto de sus templos y callejones te atrapa. Está limitada por el río Mekong y el Nam Khan y puedes disfrutar de sus cascadas en una breve excursión en tuk.tuk.


La compañía de Eli y Maria ha sido breve pero intensa. Hemos compartido muchos buenos momentos, pero también unos días malos de visitas al médico y al hospital regional. Hemos aprendido como tratar el dengue y hemos conseguido acabar con él. Por suerte hemos podido contar con el respaldo de los laosianos y afortunadamente Luang Prabang es una ciudad con las infraestructuras suficientes para haber estado cómodas, pese al mal rato.
Queremos remarcar la amabilidad y educación de los tailandeses y laosianos, es muy fácil tratar con ellos y viajar por estos países es sencillo. Citando literalmente las palabras de nuestra amiga Marta “en Asia puedes conseguir todo lo que quieras y cuando no lo sabes, ellos lo adivinan y te lo consiguen”.